El Tribunal Supremo de Venezuela ha considerado que el estado de excepción decretado hace una semana por el presidente Nicolás Maduro es "constitucional", y por lo tanto legal. Basa su decisión en "las extraordinarias circunstancias sociales, económicas, políticas, naturales y ecológicas que están afectando gravemente a la economía nacional". Una decisión que no ha sorprendido a casi nadie.
En las calles de Venezuela hay colas para comprar comida. Aún están detenidos los manifestantes encarcelados el miércoles por causar disturbios al final de las manifestaciones convocadas por la oposición en varias ciudades del país. Al menos siete policías todavía se recuperan de las heridas que sufrieron durante los choques. Pero la agenda política de Caracas vira hacia la diplomacia.
Durante la madrugada (en España), el presidente Nicolás Maduro recibió en el Palacio de Miraflores, sede del Gobierno, a José Luis Rodríguez Zapatero y a Martin Torrijos, exgobernantes de España y Panamá, respectivamente. Este jueves fue el turno de la oposición. El lugar del encuentro, a puerta cerrada, fue la oficina de Henry Ramos Allup, presidente de la Asamblea Nacional, donde Zapatero fue recibido por el diputado y otros representantes de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), como Henrique Capriles, Jesús Torrealba, Timoteo Zambrano Enrique Márquez. A la salida del encuentro no hubo declaración alguna por parte de los opositores. No obstante, uno de los participantes de la reunión entre Zapatero y la MUD declaró a El Confidencial: "no vi nada nuevo", sin querer entrar en más detalles ni revelar su identidad.
Zapatero sí habló. Acompañado de Leonel Fernández y de Mauricio Dorfler, jefe político de la Unasur, el expresidente español declaró ante la prensa que el objetivo de su misión es "intentar poner en marcha un proceso de diálogo nacional en Venezuela. Ambos sectores mostraron su disposición a conversar sobre los problemas sociales, económicos, institucionales, de convivencia y de libertades del país". El español destacó la "seriedad" en ambos encuentros y admitió que el proceso será "largo, duro y difícil". Sin embargo, evitó dar una fecha concreta para un inicio formal de conversaciones.
El expresidente español aseguró que ante "temas sensibles", como la posible liberación de los presos políticos, "ha habido aproximación, pero estamos en el inicio de un camino, intentando que arranque. La agenda de un diálogo debe trabajarse seriamente y tenemos todos esos temas apuntados".
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