Lo peor parece haber pasado en el Ecuador tras el sismo de 7,8 grados que devastó a la ciudad de Manta, el principal puerto y una extensa vecindad, pero muchos apuestan a una crisis política y económica tan pronto el duelo nacional pase y los políticos opositores comiencen a calentar los ánimos.
El sismo dejó mucho más de 600 muertos, 350 mil damnificados y 120 mil niños sin escuelas, según las Naciones Unidas, que cifran en 72,7 millones de dólares la cantidad necesaria para reconstruir la extensa zona afectada, cosa que no puede hacer el gobierno del presidente Rafael Correa con las arcas casi en rojo.
El sismo sorprendió al presidente mientras se encontraba en Roma y viajó inmediatamente a la ciudad de Manta, cuyo aeropuerto si bien fue dañado por el meteoro, quedó disponible para que aterrizaran vuelos en sus pistas. Un cansado Correa asumió la labor de rescate y reconstrucción.

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